Sudapollistas vs el mundo

El camino del sudapollista es a veces solitario y difícil de seguir, sobre todo cuando se encuentra con su némesis: el gilipollas.

El o la gilipollas es una persona (por llamarla de alguna manera) que se cree en posesión de la verdad absoluta, hecho que en la mayoría de las ocasiones es incierto. En ciertos ámbitos científicos se les conoce como los “idiotas confiados”, aunque creo que el término les viene un poco grande. Son simplemente gilipollas y lidiar con ellos es una de los ejercicios que pondrán a prueba la fortaleza mental de cualquier sudapollista que se precie.

Siguen un esquema de campana de Gauss invertida, aunque esa es una simplificación bastante aproximada: hay estudiosos que lo han desarrollado de manera más completa y lo han denominado “El efecto Dunning-Kruger”. Tal vez me estoy explayando demasiado, pero para conocer a tu enemigo no hay mejor arma que entenderlo y la curva Dunning-Kruger los explica a la perfección:

Como podemos ver en este gráfico tenemos en el eje Y la “confianza”, lo que nos creemos que sabemos y en el eje X lo que verdaderamente sabemos, que va desde “no sé una puta mierda de este tema” hasta “gurú”. Cuando empezamos a aprender algo nuevo todo es fascinante y el hecho de ponerte por encima de otras personas libera una pequeña descarga de dopamina que a nuestro cerebro le sienta como un chute delicioso y estupefaciente. Nada más lejos, cuando llegamos a rascar la superficie del conocimiento nuestra confianza sobre él sube hasta el máximo, hasta el llamado “pico del monte estúpido” en su versión original, aunque para nosotros será a partir de ahora “la punta del cuñao”. No todos los cuñaos son gilipollas, pero debemos estar de acuerdo en que la mayoría de ellos apuntan maneras.

“Tu coche hace un ruidito raro, déjame que le eche un vistazo”, “qué lento va tu ordenador, déjame, que te lo formateo”, “¿una paella para 50 personas? Esa te la hago yo con la gorra”. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Desde dentista a funamblista, el cuñao cree saber de todo y lo demuestra en cada palabra que suelta. Si los sabes reconocer, el cuñao puede ser hasta útil, porque tiene el conocimiento justo para detectar un problema, lo que no tienes que hacer nunca es dejarle resolverlo a él, mejor llevárselo a un “gurú”.

Los cuñaos (no tienen por qué tener familia política, ya son un género en sí mismo) son los típicos a los que les señalas la luna y se quedan mirando el dedo. Tienen la capacidad mental sesgada hasta tal punto que si existe un dato que desmonta su teoría o forma de pensar, simplemente lo ignoran. Y no estoy hablando con vosotros, terraplanistas, ni vosotros, negacionistas del alunizaje… o bueno, quizá si un poco. Pero me refiero a términos más del día a día.

El caso es que los cuñaos son inofensivos, el verdadero peligro es encontrarte a un auténtico gilipollas en el ámbito profesional. Amigo mío, agárrate los machos porque vienen curvas. Si el gilipollas se viste de uniforme y no lo detectas a tiempo puedes llegar a estar muy jodido: policías, médicos, agentes de seguros… hay un porcentaje alto de gilipollas en todos estos sectores, pero los que se llevan la palma son los abogados. Casi imposibles de detectar pues que el conocimiento legal es tan escaso para la población en general que es posible que un abogado gilipollas te la líe hasta el infinito y más allá. Su máxima confianza en la punta del cuñao puede nublar el juicio del sudapollista más ducho en otros temas o la vida en general y puede hacerte desviarte del camino del sudapollismo si no tratas con cuidado tu paz mental.

¿Cómo reconocer a un gilipollas en estos sectores? Si en algún momento detectas cierta actitud que se podría sustituir por “sujétame el cubata” ahí tienes tu bandera roja de manual. Si busca su información en Google o Wikipedia, segunda bandera roja. Si encima te cobra más caro que la media en el sector… no tiene nada que perder. Bueno sí. Tu caso.

¿Tengo algo en contra de los abogados? Solo contra los abogados malos. Aquellos que se creen por encima del bien y del mal y son capaces de distorsionar la realidad de cara al cliente sin que este se de cuenta de que le están timando. Pero al final la ley es la que es. Más justa o menos justa, pero igual para todos.

Amigo sudapollista, no hace falta que evites a los gilipollas, son personas como tú y como yo, el único ejercicio que tienes que practicar es reconocerlos y fluir con ellos hasta que el mundo los ponga en su sitio. O hasta que se den cuenta de que no tienen ni puta idea y se rindan.