La vida de un guionista o escritor es, principalmente, escribir. Pero no todo lo que sale del teclado es una obra maestra: sí, habrá trocitos buenos y trocitos malos, pero hay que admitir que no todo caerá en gracia a las cabezas pensantes encargadas de sacar adelante proyectos.

Lo bueno de un autor que se mueve entre el guión y los manuscritos es que tanto unos como otros pueden saltar la línea que los separa sin demasiado problema; quizá el teatro es la forma de adaptación más compleja, puesto que las limitaciones espaciales pueden llegar a ser insalvables, pero siempre se podrá sacar provecho de alguna escena independiente.

¿Por qué os cuento esto? Porque últimamente estoy trasladando textos que originalmente estaban pensados para un medio a otros, con bastante buena fortuna.

Vamos a intentar producir la obra de microteatro “Juntos para siempre” a cortometraje, por ejemplo. En esta obra es desternillante y todavía se acuerda de ella la gente que la vio en su momento. Tras las pertinentes pruebas de efectos especiales he llegado a la conclusión de que es bastante factible sacar provecho de ella, y puede ser un rodaje muy divertido.

Hablando de cortometrajes, “El beso”, corto nunca llegado a producir por problemas de fechas y, más tarde, por cierta pandemia, ha tenido una segunda vida rodando por concursos. Y no le va mal, ha resultado finalista en el concurso de guiones de cotrometraje del Navarra international film fest entre más de mil participantes, lo que no está nada mal. Quién sabe, tal vez algún día se produzca en condiciones.

Y para terminar, estoy adaptando la obra de teatro “Asuntos pendientes”, nunca producida, a novellette. Será una novela corta de algo más de 100 páginas que espero esté lista en unos días, tal vez en Amazon tenga más suerte que en las convocatorias de teatro, copadas por los mismos jurados de siempre con los mismos amiguetes de siempre.