Me he cansado de las series. En serio. Cada vez me parecen más tediosas, aburridas y monótonas, lo que yo le llamo “el síndrome del chicle estirado”. Coges una buena idea y explotas repetitivamente hasta que no da más de sí, y aunque no de más de sí, lo sigues estirando hasta que se rompe. Me ha pasado con la tercera temporada de Stranger Things, me pasa con obras maestras como Breaking Bad, a la que, a mi parecer, le sobra la última temporada completa, y me pasa con los pilotos de todas las series que veo últimamente.

Aún así todavía le doy oportunidades a series nuevas que van saliendo, por lo menos el piloto, y todavía me sorprendo gratamente de vez en cuando.

Me ha pasado con Hierro, de Movistar +. Sacaron el paquete “Movistar plus lite”, con el que, por 8 euretes, tienes las cosillas de Movistar a lo Netflix y, tras un fallido intento viendo el piloto de “Instinto” me encontré con esta joya.

Hierro investiga un asesinato en la diminuta isla del Hierro, en Canarias. La nueva jueza de instrucción, interpretada por Candela Peña, se encuentra el marrón nada más llegar.

Quitando el tropo de “policía nuevo en la oficina, ven que te enseño cómo funcionan las cosas por aquí”, la serie de verdad es muy buena. Siguiendo la estela de la magnífica Broadchurch, los personajes son REALES, no son modelos de lencería en trabajos imposibles; tienen acentos, y acentos de verdad, no forzados y falsos como cierta brigada de cierta costa de cierto astro rey. Y todo ello hace que la serie fluya sin más, te atrape, y que no puedas dejar de poner un capítulo tras otro.

Grandes interpretaciones de Candela Peña y, sobre todo, Darío Grandinetti, de nuevo con gran naturalidad y con personajes de verdad. La serie no hubiera funcionado en absoluto si se hubieran usado a los típicos guaperas de menos de 30 que estamos acostumbrados a ver en una serie tras otra. Siempre los mismos, siempre igual de guapos.

Por eso Hierro, es una serie de verdad.