Ya llevo varios cientos de miles de palabras escritas a mis espaldas: obras de teatro, una novela, cortometrajes e incluso alguna película. Algunas mejores, algunas peores, pero todas, en mayor o menor medida, defendibles.

El caso es que nunca he sido una persona especialmente social, por tanto, no acumulo demasiados amigos de los que tirar ni tengo contactos a los que embaucar para ofrecerles proyectos o arrastrarlos como público a alguno de mis espectáculos.

He escrito piezas de microteatro que, más de una persona y de dos, han comentado esta misma frase: “tío, esto en Madrid lo petaría” o cosas como: “tienes que subir esta obra a Madrid, no veas las mierdas que ponen allí”. Son frases reales; se dice el pecado, no el pecador. El caso es que de un tiempo a esta parte, tanto Microteatro Madrid como las salas de pequeño y mediano formato, se han acostumbrado a programar obras de compañías locales. No los culpo, el público se ha acomodado tanto a su sofá y su netflix (cuenta compartida, por supuesto) que es muy difícil arrastrarlo fuera de su zona de confort, y si se mueven, es para ver a un compañero o un amigo en su obra, ya sea mala o buena. Y eso pasa en Madrid, en Málaga en Valencia y en cualquier parte ahora mismo, si tu cuenta de instagram no tiene más de 2000 seguidores, no nos interesa programarte. Es triste, pero es así.

De las convocatorias públicas, ni hablamos. Me han llegado a rechazar una obra porque tenía “demasiados actores”, ni se habían molestado en pasar a la página dos para ver que dos de esos actores, doblaban personaje. O cuando no abren antes los sobres de las plicas que los de las obras presentadas, buscando un nombre pomposo al que conceder el premio y que, a la hora de montar la obra, racanea en actores y escenografía y termina montando… un mojón.

En el plano editorial es exactamente igual, pero elevado a la décima potencia. Hoy en día publican más libros los youtubers que auténticos escritores de verdad, y es, desgraciadamente, porque venden diez veces más libros que el mejor autor vivo o muerto.

Y aquí me encuentro yo, con un libro escrito con muy buenas críticas, sin editorial en un mar de “no aceptamos manuscritos no solicitados”, peleando por una sala de teatro diminuta, luchando con la misma sala por traer público (¿con, o contra?) y sigo escribiendo, porque no me queda otra.

Llevo diez años diciendo “algún día lo peto”, pero cada año que pasa, hago más cosas, acumulo más palabras escritas, creo que con cierta calidad, pero nadie me lee. Nadie me ve. Por mucho dinero que gaste en google ads o publicidad en facebook.

¿Cuál es la fórmula mágica? ¿Estar en el sitio adecuado en el momento preciso? ¿Cuál es ese sitio y ese momento? Que alguien me lo diga.