Hace muy poquito escribí un post derrotista sobre lo difícil e incomprensible que resulta el éxito comercial.

¿Qué le gusta a la gente? ¿Qué hay que hacer para que un producto de ocio les entre por los ojos? Es algo que no dejo de preguntarme y que cuando lo alcanzo, no sé ni como lo he hecho ni como repetirlo.

Llevamos dos semanas colgando el cartel de “no hay entradas” en la sala Joaquín Eléjar con “Una rubia no tan legal”. Un proyecto… ¿menor? o al menos no tan pensado ni preparado como otros, pero que parece que al público le llama la atención por diferentes razones.

Algunos nos comentan que sienten atracción por los personajes:

Otros por la temática, una abogada despiadada que esconde un secreto (no demasiado difícil de adivinar) y otro simplemente porque es una comedia.

Las risas llaman, eso está claro, y en “Una rubia no tan legal” hay MUCHAS risas, pero el teatro transmite otro tipo de sensaciones que también deberíamos saber apreciar.

Al menos, entre chiste y chiste, he conseguido colar varios mensajes interesantes, para que el público no salga pensando que ha visto unas matrimoniadas un poco diferentes.

Espero que la Rubia tenga un largo recorrido, y si están a tiempo, no se la pierdan.